domingo, 13 de abril de 2014

El bosque encantado



Tras una semana vertiginosa de notas, exámenes, maletas, encuentros familiares... por fin puedo sentarme un ratito y recordar una excursión bonita para hacer con los peques en estos días de sol tan bonitos que está haciendo. El destino: "El bosque encantado" en San Martín de Valdeiglesias

Nada mas entrar en el parque nos recibe el caballero más famoso de la literatura, y su amigo y escudero. ¡¡¡Mira mami, es don Quijote!!!


Un escenario perfecto para perderte en sus rutas, la de la Prehistoria con bonitas figuras de dinosaurios, la de la Historia, subir los puentes sobre los riachuelos, escuchar el ruido del agua de las fuentes... La verdad es que es un sitio precioso para pasar un buen día de campo. A las peques les gustó sobre todo la "Ruta de los cuentos", donde estaba la carroza de Cenicienta, Caperucita y el lobo, Blancanieves y los siete enanitos, Genio...
¡A ver si los reconocéis!







Eso sí, un consejillo... aunque en la página pone que podéis llevar carrito no es muy aconsejable porque está todo llenito de escaleras, cortas, pero abundantes, así que mochila, bocadillo y muchas ganas de disfrutar de la naturaleza



miércoles, 26 de marzo de 2014

Una de títeres

¡Qué bonito es ir al teatro con los peques! Si desde pequeños podemos empezar a relacionarlos con el mundo de la cultura seguro que cuando sean adultos saben apreciar y valorar otras muchas cosas. Por eso siempre que podemos intentamos hacer talleres, visitar museos, asistir al teatro... y la mayoría de las veces por muy poco dinero... ¡y disfrutando un montón!
El domingo visitamos por primera vez una pequeña sala a la que volveremos muchas veces, en pleno barrio de Lavapiés, "Centro cultural de la puerta estrecha". Cuando entras pareces trasladarte a otro mundo, los niños no se agolpan en la puerta para entrar, chillando y corriendo... todo lo contrario, la sala en la que esperas es una especie de casa  apenas iluminada, pero con mucho acierto, con su salón y la cocina, sillones, y grandes mesas de madera con plantillas para colorear y lápices de colores, cuentos encima de las mesas, en las estanterías, en baúles... Así que la espera se hace amena y todos se contagian de la tranquilidad.





A las 5 de la tarde ya estábamos preparados en una pequeña sala para ver "Los tres cerditos", esta vez una representación de títeres. El actor era buenísimo, logró enganchar a los niños desde el primer momento. Hizo una versión diferente, con algunos cambios, pero muy bonita. 



¿Sabéis por qué el pobre lobo era tan malo? Porque nunca le habían abrazado, ni le habían dado besos, ni le habían dicho todo lo que le querían... Pero una vez que los peques le demostraron que era alguien importante y que ellos estaban dispuestos a besarlo... ¡todo se transformó! Porque el cariño es mágico y todo lo puede, lección que algunos adultos deberían aprender.




sábado, 22 de marzo de 2014

Campo de amapolas

¡Ha llegado la primavera! En la Escuela de Claudia nos han pedido colaborar para decorar la clase, así que tras mucho pensar nos decidimos por hacer un campo de amapolas entre las tres. Teníamos que buscar algo fácil y en lo que pudiese colaborar la peque de la casa (a veces los papás perdemos un poco el norte y hacemos trabajos solo nosotros, como si nos fueran a poner nota, y olvidamos que el fin último es pasar un ratito agradable con los peques)

¿Qué necesitamos para hacer nuestro campo?
Botellas de plástico, pintura de dedos, un palo,  pegamento y una lámina de cartón pluma o similar para pegarlo todo.
¿Fácil, no?

Lo primero es cortar la parte de abajo de las botellas, mejor de distinto tamaño, y esas serán nuestras flores


Las pintamos por dentro con pintura roja y amarilla...





Una vez que ya tenemos las amapolas preparadas las pegamos sobre una base, la nuestra era cartón pluma, y terminamos el paisaje con pintura verde y un palito que cogimos del parque...







¿Os gusta? Una forma fácil de hacer algo diferente, divertido y en familia... ¿qué más se puede pedir?


martes, 18 de marzo de 2014

Artistas prehistóricos







Seguimos en el cole con el tema de la prehistoria, así que, aprovechando que en casa seguimos con nuestro proyecto de arte, el otro día hicimos un mural con pinturas rupestres. ¡Y nos lo pasamos fenomenal! Además recordamos todo lo que habíamos aprendido en nuestra visita a la exposición "La prehistoria en familia".
Así que una vez pensada la idea... ¡manos a la obra!

Primero buscamos algo que nos sirviera de pared de la cueva, encontramos unas planchas de gomaeva que tenían un lado rugoso, hicimos un bol de agua con témperas amarillas y marrones ¡y a pintar!


















Una vez seco, que tardó bastante, lo dejamos para el día siguiente, nos hicimos con rotuladores y ceras blandas en colores rojos... y empezó la maravilla rupestre... animales parados, otros corriendo, algunos con grandes cuernos, manos, hombres cazando, serpientes, soles





Y una vez terminado preparamos un mural donde explicábamos a los amigos qué les gustaba pintar a los hombres prehistóricos, así ellos podrían orientarse para pintar la cueva que la profe ha preparado en su clase




¿Os gusta? Es fácil de hacer y una forma fácil de pasar una bonita tarde. Y ya preparando lo siguiente...







viernes, 7 de marzo de 2014

Ser una princesa en la vida real

¡Qué nervios tiene Helena! Llevaba un montón de tiempo esperando a que llegara el fin de semana en el que se reencontraría con sus princesas en el espectáculo Disney On Ice ¡¡¡pero ya queda poco!!! Tenemos preparado el disfraz, la muñeca... Y esta semana el cuento que ha elegido en la biblioteca del cole para traer a casa ha sido "La Cenicienta" (debe ser que no le vale tenerlo en 5 ediciones diferentes...). Así que se respira estos días un aire "muy real" en casa.

Pero ya le he explicado que las princesas de los cuentos no son como las princesas de la vida real, que también pueden equivocarse, y enfadarse, y ensuciarse los vestidos. Las princesas de la vida real son más parecidas a nosotras que las princesas de los cuentos... y eso está muy bien. Así que aprovechando que hemos sacado ese tema hoy hemos leído algunos cuentos incluidos dentro de un libro muy especial, uno de los libros que más me gustan...

¡Me han dado calabazas!



Imaginad que después de 100 años durmiendo, un príncipe, al que no conoces de nada, te pide matrimonio, te dice que eres la princesa de sus sueños... ¡con las ganas de hacer pis que tú tienes! ¡y encima hay cola! ¿Te casarías con alguien a quien no conoces?

¿O te casarías con alguien que te hace un montón de daño en la cabeza porque se le ocurre subir a una torre utilizando tu melena como ascensor?


¿Y te gustaría vivir con un príncipe torpe que tira al suelo a una princesa que está dormida en una urna porque se asusta al ver catorce pies pequeñitos detrás de un arbusto?

Estas y otras historias (además de dibujos maravillosos) las puedes encontrar en este libro, os animo a que os adentréis en él y os divirtáis acompañando a estas princesas de armas tomar y a este príncipe al que ya le queda poca sangre azul...

¡Feliz viaje!





miércoles, 26 de febrero de 2014

De todos los hombres importantes de los que hablamos, éste es el mejor...

Hoy queremos acordarnos de una persona muy importante para nosotras, y lo etiquetaremos dentro de los grandes genios, de las personas importantes que influyen en la vida de los demás, pero no es un escritor, ni un pintor, ni es conocido para muchos... pero sigue siendo uno de los grandes.
Es quien nos hace que se nos quiten los enfados con cosquillas hasta dejarnos sin fuerzas; quien escucha una y mil veces nuestra música en el coche; quien nos sube a hombros y nos hace saltar con su música; quien nos enseña lo importante que es lavarse los dientes y obedecer; quien está dispuesto a darnos siempre un abrazo y se tumba en la cama hasta que nos dormimos; y nos lleva a museos y con él vemos obras de teatro; y habla con el ratón Pérez si nos da miedo y le pide que no venga hasta que se le caigan los dientes, tumbado enfrente de su puerta.
Este gran hombre es nuestro papá... y hoy es su cumple.


  

martes, 25 de febrero de 2014

¿Qué pasaría si un día al llegar a casa te hubiera visitado un ratoncito?...

¡Qué fin de semana de emociones! El sábado por la mañana fuimos a visitar la casa del Ratoncito Pérez. Ya habíamos intentado ir antes pero estaban las entradas agotadas, ¡qué tristes nos pusimos! Pero esta vez lo conseguimos y a las 12 de la mañana estábamos esperando ya en la calle Arenal a que el ratón y su familia nos abrieran las puertas de su hogar.

Había un montón de niños con sus papás, algunos ya habían recibido alguna visita del ratón, los niños más mayores y los papás;  a otros todavía les quedaba un tiempo por delante... y otra pequeñita, mi pequeñita, no esperaba al ratón sino poder tener todos los dientes en la boca.

La casa no es muy grande, en realidad vive en una caja de galletas como esta, pero con todas las comodidades... 


Este es su salón  y su habitación, si te das cuenta el ratón ha salido corriendo y ha tirado sin querer el maniquí sobre el que tenía colgada su ropa... ¿Dónde iría tan tan deprisa?





Al entrar una chica muy amable nos explicó la historia de Buby y el ratón Pérez. Es un poco larga... pero merece la pena recordarla (en el siguiente enlace puedes encontrarla ilustrada y lista para imprimir)


"Hace mucho tiempo, en Madrid vivía un Rey. Era un Rey pequeño y se llamaba Buby I. Ser Rey es una cosa bastante complicada, pero él lo hacía muy bien. Hacía leyes justas, se preocupaba por todo lo que pasaba en su reino y no se metía en guerras. Para las cosas complicadas del reinar, su madre le echaba una manita. El Rey tenía poco más de seis años cuando, cenando notó que un diente se le movía. Uf, y se le movía mucho. 
Que a un niño se le mueva un diente es algo normal, queda en casa. Pero que se le mueva un diente a un rey, es un acontecimiento “realmente” importante. Por eso enseguida se congregaron en la puerta del comedor los médicos reales, algunos ministros, el ayudante de cámara y más gente de cuyos rangos no me acuerdo ahora. Todos estaban muy nerviosos.
Dijo la Reina: ¡Que no entren todavía, que no se ha terminado el filete! Las reinas son madres también, y saben lo importante que es la cena, masticar bien la carne, las frutas, la verdura… y saben que los niños a veces intentan cualquier excusa para levantarse antes de terminar.
Hasta que no te termines… pero Buby la interrumpió: Me dueleeeeeeee
Con mucho cuidado tocó la reina un incisivo del Rey y pudo comprobar que decía la verdad. Hizo sonar una campanilla, entró al oírla su ayudante y le dijo la reina muy seria: que se lleven este filete y traigan un doctor. O dos. Así son las reinas.
Uno decía que había que sacarlo, otro que había que dejarlo.. Unos que poco a poco, otro que de un tirón. 
El Rey era niño, pero muy valiente, así que les dijo: sacádmelo de una vez, que no pienso llorar. Aligeren señores, que me quiero ir a acostar. Nadie quería hacerle daño al Rey. Por eso se hizo un gran silencio. Hasta que un médico anciano, refunfuñando, dijo: vale, ya me encargo yo. Se hizo un gran silencio. El médico dio un tironcito, no le hizo falta mucho esfuerzo, el diente salió enseguida.
Buby hizo algún puchero. La reina: no ha sido nada. La doncella: Ay, que diente tan bonito. El ministro: que lo expongan en la entrada. El consejero: No, no, no, que lo lleven a un museo, para que lo vean todos, que lo engarcen con oro, sobre rojo terciopelo. Pero intervino Buby: que no, que me lo llevo yo, porque soy Rey, pero sobre todo, porque es mío. 



El Rey había oído hablar de Ratón Pérez, ese roedor que por la noche recoge los dientes de los niños y les deja algún obsequio, monedita o similar. Siempre que sean dientes que los niños han cuidado cepillándolos tres veces al día, sobre todo si han comido chucherías. Mandó el Rey a cada uno a su casa, porque se quería acostar. Se retiró a sus aposentos, se lavo muy bien los dientes que le quedaban y se metió en la cama a esperar. Puso debajo de la almohada el que le habían quitado. En su cara había una sonrisa mellada y mucho sueño.– Yo esta noche no me duermo, quiero conocer a Pérez.
Ensayaba una y otra vez lo que le iba a decir cuando lo viera, pero, ¡cómo son las cosas! el ratoncito se retrasaba y el Rey… se quedó dormido hecho una madejita. 
Al poco apareció Pérez, se puso manos a la obra para sacar el diente de debajo de la almohada y entonces el Rey notó algo y se despertó. Imaginaos la escena: Ratón Pérez con las manos en la masa, quiero decir con las manos en el diente, y el rey mirándolo a menos de un palmo de su cara. Al rey se le olvidó todo lo que había pensado decirle al ratón, y éste –al verle indeciso- improvisó un saludo cortés con una profunda reverencia. Sólo con ver el gesto se percató Buby de que Pérez era un ratón de mundo, con buena educación y don para tratar con cualquier tipo de gente. 
– Sepa usted, señor Pérez, que admiro mucho su trabajo –dijo Buby.
– Es un gran honor para mí, Majestad, recibir estos halagos. Pero sólo soy un ratón que se preocupa por los dientes de los niños –contestó Pérez.
– Siempre he querido saber más de usted, de su trabajo, de dónde vive, si tiene hijos, si está casado...
– Aparte de repartir regalos y recoger dientes -no sólo en España sino por todo el mundo- soy un ratón muy normalito: casado, con tres hijos, que saca adelante a su familia y que vive en un sótano espacioso a la par que coqueto en la calle Arenal, como quien dice a tiro de piedra de este maravilloso palacio.


A medida que la conversación se animaba, el rey iba cogiendo confianza con Pérez y en un momento dado saltó de la cama y se puso su ropa... 
– Ay, ay, ay, que me estoy oliendo vuestras intenciones –dijo Pérez.
– Dejadme acompañaros en vuestro trabajo, esta misma noche. Por favor, quiero conocer el Madrid que tú recorréis a diario.
Viendo Pérez que no iba a tener opción de resistirse dio un salto al hombro del niño y le metió la punta del rabo en la nariz. No sé si habéis probado alguna vez a meteros un rabo de ratón en la nariz, pero no hay nada que haga más cosquillas. El Rey estornudó y por hechizo quedó convertido en un ratón. Ataviado con finas vestiduras pero ratón de cabo a rabo.Salieron de la habitación por un agujero que había debajo de la cama y se encaminaron hacia las alcantarillas. Por allí anduvieron hacia la casa de Pérez. El rey iba con más miedo que vergüenza, normal, imagínate tú metido a oscuras en las canalizaciones subterráneas de Madrid y además convertido en ratón. ¡Que los reyes no son de piedra!

Llegaron a la casa del ratón después de doblar una esquina formada por una gran columna de quesos. ¡Así cualquiera! Pérez presentó al rey a su familia.
– Aquí la señora de Pérez. Ésta es mi hija Adelaida que toca el arpa, y ésta es Elvira, que estudia piano. En ese momento llegó Adolfo. 
– Y éste es el cabeza loca de mi hijo que juega al póker y al polo.


Tomaron el té, charlaron de temas livianos... el rey estaba muy a gusto al calor de esta familia ratonil. Pero al poco Pérez se levantó, cogió una bolsa roja que se echó a la espalda y dirigiéndose al Rey dijo:
– Aun queda tarea por hacer y ha de ser antes del amanecer, así que, si os place acompañarme...
El Rey se despidió cortésmente de sus anfitriones y salieron de nuevo a las alcantarillas. Según iban esquivando inmundicias y protegiéndose de las alimañas Pérez iba poniendo en antecedentes a Buby.
– En la calle Jacometrezzo vive un niño a quien hay que visitar. Es el primer diente que pierde. Se llama Gilito. Lo malo es que para llegar a la buhardilla donde vive con su madre, antes tenemos que pasar por la cocina del piso de abajo. Allí está el gato Don Gaiferos. No te cuento más para no ponerte nervioso.
Caminaron y caminaron... y en un momento, Pérez se detuvo.
– Chsssssss, Majestad. Y con el dedo en su hocico mandó al rey guardar silencio.
Por un agujero llegaba el resplandor de una habitación ligeramente iluminada. Se asomaron y a Buby se le erizó hasta el último pelo de la cola al ver a un gato gordo y atigrado que roncaba al lado de la chimenea. 
– Es un momento muy delicado, ese monstruo se llama Don Gaiferos. Si se despierta nos zampa. No porque sea malo, sino porque está diseñado así, los gatos comen ratones, si comieran hierba no serían gatos sino conejos.
Cruzaron la habitación con toda la cautela que dos ratones pueden tener, despacio, aguantando la respiración. Y sin que Don Gaiferos se inmutara consiguieron llegar al otro lado. 
– ¡Estamos salvados! –gritó Buby.
– ¡¡¡¡Chsssshhhhhaah!!!! No hagáis ningún ruido, que todavía nos falta bastante camino. Vamos, tenemos que subir esas escaleras –dijo Pérez.Llegaron a la última planta y entraron por un hueco bastante amplio en la pared a una buhardilla destartalada y humilde. Sólo había una silla con el asiento roto, un barreño con agua para lavarse, una lamparilla de aceite y una cama de paja en el suelo donde Gilito dormía plácidamente hecho un ovillo, apoyada la cara contra el pecho de su madre. Había más cosas en la habitación, por ejemplo una bolsa de tela con un mendrugo de pan. Había también un montón de grietas en el tejado que hacían que el frío reinara en esa estancia cubriendo las mantas de la cama con una capa de escarcha.
El rey Buby se había sentado en la silla y se había quedado mirando la escena. Él, que vivía con todos los lujos que un rey tiene en la realidad, más los lujos que tiene un rey en el cuento.
– Nunca habría podido imaginar que en Madrid hubiera niños tan pobres, durmiendo en el suelo y comiendo apenas un mendruguito -musitó Buby. 
Entonces se le escaparon unas lágrimas bien gordas. A todo esto Pérez ya había cogido el diente de Gilito y lo había guardado en su bolsa roja. Era un colmillo bien cuidado, se notaba que Gilito se limpiaba bien y masticaba con cuidado. Dejó Pérez bajo la almohada una moneda de oro. No era usual, ya sabéis que normalmente Pérez deja calderilla, pero sabía que con esa moneda Gilito y su madre se iban a llevar una grandísima alegría e iban a poder comer caliente un mes entero. Se volvió y se topó con el rey que le ofrecía unas moneditas que llevaba encima, no era mucho porque los reyes no suelen llevar suelto.

Pérez agradeció el gesto y colocó las monedas junto a la suya.Todavía no entraban los primeros rayos de luz en la buhardilla cuando la madre de Gilito empezó a desperezarse. Tenía que madrugar mucho pues era lavandera en el Manzanares. Se lavó la cara, se arregló la ropa y despertó al niño 
– Venga Gilito, despierta, vamos, mi niño. Y le llenó la carita de besos. 
Se levantó Gilito con una sonrisa que pintó un amanecer en la cara de su madre. Pérez y el rey Buby estaban escondidos en un rincón viendo lo que pasaba. De repente Gilito se acordó de su diente y corrió a levantar la almohada. Madre e hijo se quedaron paralizados al ver el regalo que había dejado Pérez. Y al instante estallaron en risas, abrazos y bailes.
Pérez y Buby ya bajaban las escaleras y volvían al palacio en silencio. En silencio llegaron a la habitación del Rey. Iba Buby a abrir la boca para agradecer a Pérez la aventura cuando éste le metió el rabo en la nariz provocándole un tremendo estornudo. Por un prodigio prodigioso Buby se convirtió en niño arropado y dormido en su cama real. Y Pérez volvió a meterse por el agujero que había debajo de la cama para volver a casa. 

Se acostó Pérez en su casa de Arenal número ocho mientras en el Palacio la reina despertaba al pequeño Rey.
– Vamos Buby, hay que levantarse, se te están pegando las sábanas hoy, y es muy tarde ¿no has dormido bien? Vamos, levanta mi niño.
– Mamá, he tenido un sueño muy extraño– dijo Buby frotándose los ojos. 
– ¿Has mirado debajo de la almohada? Quizá Pérez te haya dejado algo. Buby dio un salto de la cama y levantó a toda velocidad la almohada. AllÍ debajo había una cajita adornada con incrustaciones de marfil y dentro una insignia del Toisón de Oro toda cuajada de brillantes. La reina sonrió como si se esperara un regalo parecido y el niño satisfecho y orgulloso se la prendió en el pijama.
– Mamá, ¿en Madrid hay niños pobres?
– Sí, hijo, sí.
– ¿Y por qué Dios deja que pase eso?, ellos también son hijos suyos. La reina abrazó a Buby, pero no supo qué contestar. Esa misma mañana, después de desayunar muy bien para reponer fuerzas y lavarse los dientes Buby empezó a trabajar de Rey. Cogió un papel real y escribió en él unas cuantas leyes para que sus ministros las ejecutaran.
La primera, que buscaran a todos los niños pobres de Madrid y les dieran comida para saciar su hambre y ropas con que protegerse del frío. La segunda, que se prohibiesen los cepos y venenos contra los ratones.
La tercera, que los gatos a partir de ese preciso día debían salir a pasear con correa y bozal. Y todo gato que fuese encontrado atacando a un ratón fuera castigado.
El rey Buby se hizo mayor y ya nadie le llamaba Buby sino Alfonso XIII. Pero siempre fue un rey que se preocupó de los demás, especialmente de los niños. Y mucha gente que lo conoció asegura que su manera de ser generosa y entregada, tuvo que ver con su amistad con Ratón Pérez."



¿A que es bonito?

Pues tras conocer la historia, ver la cantidad de recuerdos que guarda entre sus paredes, cuadros con dientes de leche de personas muy importantes, fragmentos de cuentos que hablan de él, una biblioteca a la que se accede a través de una pequeña puerta en la que si estornudas puedes convertirte en ratón, vitrinas con un montón de recuerdos... ¡buscamos y buscamos al ratón! Nos contaron que era muy tímido y que no era fácil verlo, había que buscar muy bien. En ese momento estaba trabajando en un pequeño despacho leyendo las cartas de los niños y organizando los regalos. ¡¡¡La luz estaba encendida!!! ¡¡¡El ratón estaba en casa!!! Los niños podían asomarse por el agujerito e intentar verlo, pero muy despacio, para que no se asustara...


¿Y sabéis qué pasó? ¡¡¡Que Helena lo vio!!! Pero no entero, un trocito de oreja y de la cola, nos lo contó emocionada... Qué bien, la mañana había merecido mucho la pena... Pero nos quedaba una sorpresa muuuuy grande...





Al llegar a casa ¡¡¡el Ratón nos había visitado!!! Y había dejado una puerta mágica por la que entrará cuando se caiga algún diente, por eso ahora no se puede abrir. Es una pequeña puerta roja que ha puesto justo debajo de algunos de nuestros cuentos, Helena se pasó mucho tiempo mirándola, llamando a ver si la contestaban... y también había dejado dos cartas, dos cepillos de dientes y dos saquitos rojos para guardarlos debajo de la almohada. ¡¡Eso sí es una suerte!!




Te recordamos algunas pautas para distinguir al Ratón Pérez de otros ratones:

1. Siempre lleva un sombrero de paja amarillo
2. Lleva gafas
3. Lleva una bolsa roja donde guarda los dientes y los regalos



¡¡¡No olvides lavarte los dientes después de cada comida y comer pocas chuches!!!